‘videojockeys’ Ilustrar la música electrónica

Hoy me topé con este artículo que habla sobre nosotros los videojockeys.

videojockeys

Los ‘videojockeys’ combinan técnica y sensibilidad gráfica para dibujar en las pantallas la sesión del pinchadiscos

CARLOS CARABAÑA – Madrid – 04/08/2010

Festival de música electrónica en el desierto de los Monegros, Huesca. Los altavoces retumban, suena la base y el pinchadiscos retiene el tema del subidón. Hay pantallas a su espalda, calmadas como el público. El dj lanza el ritmo, se aceleran las imágenes y los asistentes se vuelven locos. Saltan, danzan, alzan los brazos. Muy pocos están atentos a las ráfagas visuales que varían según los golpes de bombo y charles. Entre ellos, el videojockey, que con un ordenador portátil y una mesa de vídeo ilustra la sesión.

David Sala forma el colectivo Lectrovisión junto a Jordi Pont. En su currículo está ser los residentes de The Loft, en la discoteca barcelonesa Razzmatazz, haber trabajado en la gira francesa de David Bisbal o hacer proyecciones para eventos de grandes bancos. Su último trabajo en un festival fue el Monegros Desert Festival 2010, donde se han encargado de la parte de realización y videoproyecciones con un equipo de 12 videojockeys. Ya llevan varios a sus espaldas y lo definen como un trabajo de supervivencia.

“Por el polvo levantado de 45.000 personas bailando en medio del desierto”, explica, “tenemos que plastificar los ordenadores y darles a cada uno de los tres camarógrafos un pincel para que limpiasen las máquinas”. Gaspar Prieto, Nökeö, videojockey del colectivo Miga, ha trabajado otros años con ellos en el desierto y allí “siempre se llevaba encima un plumero”. Los festivales pueden ser muy duros desde la aparición de las pantallas de LED. Antes se usaban proyectores y el final lo marcaba el amanecer. Las nuevas pantallas están retroiluminadas y son efectivas a la luz del sol.

Una sesión puede durar hasta 10 horas. En un club suelen estar cinco horas trabajando. Su cometido requiere concentración y combinar técnica con sensibilidad. “En electrónica los ritmos son cuatro por cuatro, más bombo, caja, charles…”, Sala comenta la técnica: “Adecuas las imágenes al ritmo B.P.M [pulsaciones por minuto de la música] y construyes la narrativa en base a pequeñas unidades de contenido”.

Estos bucles visuales de cuatro o cinco segundos se repiten con la estructura musical y se usan efectos, destellos y las cámaras enfocando al público y los artistas para conducir las sensaciones. Nökeö explica que usan programas como Model 8 o Resolume, que permiten adecuar las variables de los vídeos como altura, saturación de color o el brillo a los compases y sonidos que llegan desde la mesa del pincha discos.

Los integrantes de Miga suelen llevar unos 10 gigas de visuales optimizadas, lo que supondrían más de 10.000 imágenes. La crisis se nota en los festivales y siempre se recorta en lo no esencial. Como las visuales. Hace años, Lectrovisión dispuso por la carpa blanca de Creamfields (Almería) 60 pantallas.

“Parecía la estética de la película de ciencia ficción Blade Runner“, dice satisfecho Salas, “pero fue tan complicado que la subcontrata que hace nuestras instalaciones nos pidió que no lo repitiéramos”. Ahora se va a lo básico, dos pantallas. Nökeö mira el vaso medio lleno y “aunque la situación económica es mucho peor”, el reconocimiento que recibimos es incomparable”. Sala se queja del amateurismo en la profesión.

Ellos cobran en la discoteca barcelonesa Razzmatazz, donde son vídeo jockeys residentes, unos 200 euros por sesión. Otras salas importantes pagan entre 60 y 80 euros. “Nosotros nos negamos a trabajar así”, concluye Salas, “y nos ha ido bien”. “Si una persona te hace este chollo por ese dinero seguramente el producto no será bueno”, reflexiona, “no es un profesional ya que no puede vivir de su trabajo”.

Historia del videodjing

Con raíces en las filmaciones no narrativas de las vanguardias de principio de siglo, la figura de los videojockeys surge en los clubes de baile de finales de los setenta principios de los ochenta. Durante esta década, con la implantación de la cultura del vídeo musical, la disciplina avanza paralela al desarrollo de técnicas como los primeros gráficos computerizados o la manipulación de la señal del material de vídeo. Se populariza con la aparición de los ordenadores portátiles y el abaratamiento de los componentes.